Si en algún momento has observado un ataque de pánico o una crisis de ansiedad en tu hijo/a, seguramente estarás preocupado/a y te gustaría saber cómo ayudarle.

La ansiedad en sí no es una emoción nociva. Es una emoción que nos quiere advertir de un posible peligro y quiere hacernos reaccionar.

Por ejemplo, imagínate que estás conduciendo y de repente en un cruce se te acerca un coche con mucha velocidad. Tú, en cuestión de milisegundos te activas, tu corazón va más rápido, tus músculos se tensan y frenas. Gracias a esta reacción de ansiedad logras evitar un choque. El problema no es la ansiedad, sino si la sentimos en situaciones donde no hay un peligro real, como podría ser cuando estás descansando en el sofá.

Los ataques de pánico suelen asustar bastante, no solo a los padres, sino también a los propios niños o adolescentes. Es lógico, ya que son crisis que se pueden vivir con mucha intensidad. Los ataques se suelen dar más en adolescentes que en niños.  

Los ataques de pánico suelen caracterizarse por un miedo intenso que normalmente viene acompañado de síntomas como taquicardia (el corazón va más rápido), temblores, sudoración, sensación de ahogo, falta de aire, dolor en el pecho o mareos.

Los niños o adolescentes lo pasan muy mal con estas crisis o ataques, por eso también suele ser común que después de pasarlo tengan miedo a que les vuelva a suceder. Este miedo a veces les puede llevar a cambios en su comportamiento, como por ejemplo evitar alguna situación determinada. Llevan a cabo estos cambios con la intención de no volver a pasar por otro ataque como el anterior.

Ahora, sabiendo lo que es un ataque de pánico, nos vamos a centrar en qué puedes hacer como madre/padre o adulto que está acompañando al niño o adolescente durante su ataque.

1.Intenta que tu hijo entienda lo que le está pasando.

Para poder afrontar estos ataques de ansiedad, es importante entenderlos. Normalmente se caracterizan por síntomas físicos intensos. Ayuda a tu hijo a entender qué síntomas físicos suele tener. Es probable que si ya lo sabe de antemano y entiende lo que le está pasando, se asuste menos.

2.Intenta mantener la calma.

Muchos padres se ponen nerviosos, se desesperan o incluso se enfadan cuando su hijo tiene un ataque de pánico. Es totalmente comprensible, porque no es nada fácil ver a tu hijo así y a veces uno puede sentir mucha impotencia. No obstante, ayudas más a tu hijo si mantienes la calma. Si notas que te cuesta, aléjate un poco de la situación, intenta calmarte y vuelve.

3.Intenta entender las emociones de tu hijo/a.

A veces pensamos que ayudamos quitando importancia a las emociones, pero suele tener justo el efecto contrario. Intenta no decir a tu hijo frases como “eso no es importante,” “no te está pasando nada”. Aunque estas frases se dicen con la mejor intención, tu hijo probablemente las interpretará sintiéndose peor e incomprendido. Recuerda, se pasa mal con los ataques de pánico. Ayúdale con frases como, por ejemplo: “estoy aquí contigo, te ayudaré…”

4.Ten en mente que los ataques de pánico no duran eternamente.

Aunque en el momento no lo parece, los ataques de pánico tienen una duración limitada. Recuerda a tu hijo que pasará y se acabará pronto.

5.Enséñale técnicas de relajación.

Las técnicas de relajación son útiles para rebajar las sensaciones físicas asociadas a la ansiedad. Podéis practicar la respiración diafragmática que consiste en llenar la barriga con aire y respirar profundamente. Posteriormente podéis practicar, por ejemplo, la relajación de Jacobson. Ten en cuenta que para que estas relajaciones funcionen, es necesario practicarlas durante una temporada. En el momento del ataque de pánico puedes ayudar a tu hijo a respirar profundamente.

6. Utiliza la distracción.

Durante un ataque de pánico los niños o adolescentes normalmente se centran en sus sensaciones físicas o en sus pensamientos. Esto puede hacer que aumente la intensidad del ataque. Intenta buscar algo que le ayude a distraerse. Elige las actividades en función de los gustos y preferencias de tu hijo.

7.Ayúdale a manejar el miedo a volver a tener un ataque de pánico.

Como ya hemos visto, después de pasar por un ataque de pánico normalmente aparece el miedo a volver a pasar por otro ataque y los niños y adolescentes empiezan a evitar situaciones o lugares. Esta evitación a la vez mantiene la creencia de que no son capaces de afrontar la ansiedad y hace que ésta se mantenga.

8.Si los ataques de pánico siguen, busca ayuda profesional.

Si tu hijo sigue teniendo ataques de pánico o estos empiezan a afectar más en su día a día y no mejora, consulta un especialista para que os enseñe técnicas con el objetivo de que tu hijo/a pueda afrontar esta ansiedad.

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